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    El mayor regalo que puedo darle a mi iglesia es mi propia santidad - Dante Gebel


    Contamos con una gran cantidad de predicadores elocuentes, con una sobreabundancia de personalidades carismáticas y con suficientes líderes de alto perfil. Sin embargo, lo que nos hace falta son hombres santos de Dios. La gente necesita ver más allá de las habilidades ministeriales de sus líderes, necesita ver un corazón devoto.
    Un pastor no puede conducir a su congregación a las profundidades de Cristo si él mismo no lo ha experimentado primeramente.
     ¿Cuál es el resultado de una iglesia que tiene sorprendentes programas, brillante liderazgo, donde ante espectaculares presentaciones los congregantes no se mueven de sus sillas, y donde se cuenta con lo último en tecnología e instalaciones, pero en su esencia no tienen visión de cómo ser un pueblo santo? ¿Qué buen fruto puede provenir de conferencistas que logran atraer la atención de su audiencia a través de eventos de entretenimiento, buena música y conciertos, si éstos no son hombres que desean quebrantarse, y con reverencia y humildad, reconocer lo alejados que su congregación y ellos mismo están del Dios santo y maravilloso?

    Nuestras iglesias están a menudo llenas de frivolidad y lo sabemos, pero esto no cambia porque los líderes lo toleran en lugar de lamentarse por ello. La situación en la iglesia es simplemente un reflejo de la realidad que está en el corazón del pastor. La luz que brota de una vasija rota sobrepasa, eclipsa la luminosidad producida por miles de programas religiosos de entretenimiento. Pablo dijo, ustedes tienen muchos tutores, pero pocos padres. Hoy podría haber dicho: ustedes tienen muchos expertos en la iglesia, pero pocos hombres santos.

    Oremos por una revolución de santidad violenta!!!

    Publicado en Facebook oficial de Dante Gebel, el Viernes, 29 de julio de 2011 a las 12:43

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