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    Tristeza - Kathy Schultz

     “Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aún a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda”, Salmos 139:2-4.

    Hace poco, tuve un día en el que me sentía algo triste. Era como Ígor de Winnie-the-Pooh. Para quienes no están familiarizados con esta serie de libros y caricaturas, Ígor es un burrito azul que personifica el desánimo. El oso Pooh y otros personajes del Bosque de los Cien Acres siempre tratan de alegrarlo.

    Mi día no iba mal, pero me faltaba gozo y entusiasmo. Posiblemente, fueron todos los cambios a mi alrededor los que me afectaron: mis hijos tenían vidas aparte, mis nietos están creciendo demasiado rápido, pronto acabarían las vacaciones... Estas ocurrencias nos suceden a muchos de nosotros, pero en realidad no era justificación para sentirme así. Tal vez hayas tenido momentos o días similares.

    Hice todo lo que sabía hacer: leer mi Biblia, orar, tomar café, desayunar e ir a trabajar. No oré para que Dios quitara el sentimiento, pero Él sabía cómo me sentía, después de todo Él me conoce mejor que nadie. ¡Él me creó!

    Caminando hacia mi trabajo, pensaba: ¿Por qué estoy triste? Empecé a sonreír e imaginarme como una mujer enojada qué tenía mucho de qué alegrarse. El día era hermoso, tenía trabajo, una familia amorosa, alimento y buena salud y esa lista podía ser más larga.

    Para quienes conocemos al Señor, tenemos ya una maravillosa razón para dar gracias y alabanzas. Jesús nos ama, aunque estemos entristecidos. Él murió en la cruz y resucitó de la muerte para que tengamos vida eterna.

    “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”, Juan 3:16.

    Dios usó este recordatorio para cambiar mi tristeza en gozo. ¡Qué día tan genial fue! Empecé a cantar en mi mente y dar pasos felices. El entusiasmo sí regreso. Puedo volver a entristecerme otra vez, pero conociendo a Cristo y recordando lo que Él hizo por mí, me devolverá ese gozo de nuevo.

    Así que si me ve como Ígor, ¡por favor recuérdeme del amor de Dios!

    Escrito por Kathy Schultz. Escritora de CBN

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