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    Corazón de Peregrino - Jesus Adrian Romero

    ¿Qué convence más a alguien que rechaza la fe? ¿Argumentos o ejemplos vivos?
    Cuando se habla de temas espirituales, las personas escucharán con más facilidad a alguien con corazón de peregrino que a un predicador.
    Un peregrino es alguien que va caminando a un lugar sagrado; aún no ha llegado. Muchos creyentes actúan como personas que ya llegaron a su destino.
    El peregrino está en una búsqueda y en esta búsqueda se identifica con las personas a su alrededor porque sabe que todos estamos en una búsqueda.
    Un peregrino no discute, conversa; porque sabe que en las discusiones no hay un ganador.
    Un peregrino no predica, camina; y al caminar inspira a que otros lo sigan en el camino.
    Un peregrino sabe que no lo sabe todo, está aprendiendo.
    La fe es prima hermana de la incertidumbre y lo desconocido, caminan juntas. En el momento que hago a un lado la incertidumbre y lo desconocido, dejo de tener fe.
    Muchos cristianos modernos no tienen fe; tienen dogmas y leyes, pero no fe. Un dogma es algo que crees porque tienes que creerlo, no porque luchaste con ese tema en tu corazón hasta desarrollar fe. De igual manera las leyes son algo que haces porque tienes que hacerlo, aunque no estás de acuerdo.
    La fe es humilde y un peregrino es humilde. Un peregrino entiende que ahora vemos como por un espejo, reconoce sus limitaciones y su fragilidad; la fragilidad de un grano de mostaza. Cuando actuamos como si ya lo supiéramos todo en el tema de Dios y la espiritualidad, la gente deja de escucharnos.
    La realidad es que sabemos lo necesario acerca de Dios pero nunca tendremos un conocimiento exhaustivo de Él.
    Un peregrino se ve a sí mismo como un pecador.
    Un peregrino entiende el corazón humano y se identifica con los demás como lo hace Jesús que fue tentado en todo como nosotros.
    Es por eso que un peregrino es un verdadero intercesor, porque ve a los demás como iguales a él.
    Un peregrino habla desde su debilidad y no desde su deseo de querer controlar y decirle a los demás lo que tienen que hacer o pensar.
    Hay un afán en muchos creyentes de querer enseñar a quien se ponga enfrente de ellos.
    Debemos dejar de tratar de convencer a la gente de lo que pensamos, tal vez así mostrarán más interés en saber lo que creemos.
    ¿Será que tal vez necesitamos cambiar nuestra idea de evangelismo a una de peregrinos?
    ¿Será que tal vez necesitamos  dejar de ser tan apologéticos y dogmáticos y ser más compasivos?
    El discurso de Jesús no fue apologético; fue poético, fue evocativo, con historias o parábolas que iban más al corazón que a la mente de las personas.
    “En un mundo donde la gente dice no tener hambre, no debemos ofrecer comida, sino el aroma de comida, que los llevará a desear la comida…” Peter Rollins
    Extraido de: www.jaroficial.com

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