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    La añoranza de nuestro corazón - Jesus Adrian Romero

    A veces me siento como un exiliado tratando de regresar a un país que no conozco.

    Un lugar donde se habla un idioma que se me ha olvidado.

    En una ocasión escuché a alguien decir que cuando estaba en casa anhelaba estar de viaje y cuando estaba de viaje anhelaba estar en casa. Será que ¿no encontramos nuestro hogar?

    Este añoranza de hogar es un suspiro que no acaba.

    Se esconde en mis poemas y en mis canciones.
    Se escapa en mis suspiros y mis oraciones.

    C. S. Lewis, hablando de este anhelo de vivir en el lugar perfecto dijo en sus discursos que componen el libro “The weight of glory”: «El hambre del hombre prueba que proviene de una raza que repara su cuerpo cuando come, y que habita un mundo donde comer sustancia existe. De la misma manera mi deseo de habitar en el paraíso es una buena indicación que tal lugar existe».

    Pero el corazón de los hombres lo añora como si ya hubiera estado allí…
    y en efecto, hemos estado allí.

    No fuimos nosotros sino nuestros primeros padres los que habitaron en ese país cuyo nombre significa placer. Era un lugar perfecto donde no había dolor, tristeza ni enfermedad. Todo lo que experimentaban en ese lugar era placentero, pero un día nuestros padres fueron desterrados al exilio porque se rebelaron en contra del rey de ese país.

    El autor del libro de Génesis dice que la entrada a ese país ahora está resguardada por dos querubines con espadas encendidas que no nos permiten regresar al Edén, y por eso andamos como errantes, lejos de Dios y su presencia, con un recuerdo que se extingue, añorando el regreso a casa.

    Lejos del paraíso, los profetas de antaño clamaban a Dios diciendo: «Acuérdate de nosotros», y un día el rey se acordó de nosotros y envió a su hijo, quien dejó el reino para venir a buscarnos y llevarnos de regreso a casa.

    Cuando Jesús empezó su ministerio aquí en la tierra les decía a los hombres: «Sígueme», como insinuando:

    Te voy a llevar de regreso a casa.
    Voy a resolver la añoranza de tu corazón.
    Y los hombres lo comenzaron a seguir…pero cuando decidió llevarlos de regreso al Edén, las espadas encendidas que los querubines tenían en sus manos lo traspasaron a Él.

    Eso fue lo que sucedió en la cruz.

    Jesús pagó el precio por nuestra sedición y rebeldía. Él abrió el camino delante de nosotros y ahora podemos regresar a casa.

    Este camino es la vida espiritual, pero no es un camino fácil. Hay muchas distracciones. La vida espiritual a veces nos elude.

    Se nos escapa como agua entre los dedos.

    Es como leve bruma que se pierde entre las montañas.

    Como un eco que se extingue.

    Como un silbido apacible.

    Por muchos años he estado tratando de encontrar la fuente de este silbido apacible y a veces lo encuentro, a veces no. En ocasiones es tan real como nuestro respirar, y a veces es solo bruma.

    De lo que si podemos estar seguros es que el caminar con Jesús nos esta llevando de regreso al paraíso.

    Tomado en parte del libro “Besando mis Rodillas”

    Extraido de: jaroficial.com

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